Protestas por centros de datos en Zaragoza

Nivel: ⭐⭐ Curioso

En el barrio zaragozano de Torrero hay una frase que se repite cuando alguien pregunta por las obras que han empezado junto a Puerto Venecia: «o aceptábamos o nos expropiaban». Es la respuesta de los vecinos a los que Microsoft pidió su terreno para construir uno de sus tres centros de datos en Aragón y que, al negarse, recibieron una carta de expropiación del Gobierno de Aragón. Las protestas por los centros de datos en Zaragoza llevan meses creciendo, y no es solo por el ruido de las excavadoras.

Lo que está pasando en Zaragoza

Aragón se ha convertido en el nuevo Dorado de la nube: Microsoft, Amazon (AWS) y Blackstone han elegido la comunidad para levantar algunos de los centros de datos más grandes del sur de Europa. El proyecto de Microsoft es el más vistoso: unos 5.300 millones de euros de inversión repartidos en tres campus: 146 hectáreas en La Muela, 81 en Villamayor de Gállego y 59 junto al centro comercial Puerto Venecia, pegado al barrio de Torrero.

El proyecto se aprobó por la vía rápida: como Proyecto de Interés General de Aragón (PIGA), un mecanismo pensado para agilizar infraestructuras. Las obras ya están en marcha, y la magnitud es difícil de imaginar: solo en movimiento de tierras, los tres emplazamientos requieren mover 7,3 millones de metros cúbicos, el equivalente a llenar 29.440 piscinas olímpicas, con un coste estimado de casi 190 millones de euros solo para excavar y rellenar parcelas.

Para que se entienda: están moviendo montañas para dejar sitio a naves llenas de servidores. Y quien paga el paisaje no es Microsoft.

La letra pequeña de las expropiaciones

La Asociación de Vecinos de Torrero, un barrio con historia de lucha vecinal, ha documentado cada paso. La parte del terreno que era privada se negoció hace unos dos años: Microsoft ofreció a los propietarios «una cantidad de dinero muy baja». Cuando estos pidieron un precio justo, llegó la carta de expropiación del Gobierno de Aragón, sin más opción. El suelo acabó vallado y los dueños, fuera.

El detalle que más escuece es la tasación: se les compensa como suelo rústico, a 2-5 €/m², cuando hace dos años ese mismo terreno se valoraba como urbanizable a 25-30 €/m². Es decir, la tierra se revaloriza en cuanto llega el gigante, pero el precio que se paga al vecino es el de antes de que valiera nada.

Las denuncias: amianto, vertidos y un camino cortado

Las protestas no son solo sentimentales. Los vecinos han presentado denuncias por:

  • Obras que cortaron un camino público sin colocar el cartel informativo que exige la normativa municipal.
  • Falta de documentación sobre la licencia de obras y el plan de gestión de residuos.
  • Posible presencia de residuos con amianto, en una zona pegada al antiguo vertedero sellado de Las Canteras.
  • Un vertedero propuesto junto a los Pinares de Venecia, una zona sensible cerca de espacios protegidos.

La constructora, además, se habría negado a pagar los 13 millones de euros que cuesta llevar los escombros a un vertedero autorizado, y propuso depositarlos en esa zona verde. Detrás de todo está la plataforma «No Centros de Datos Aragón», que ya movilizó a más de 250 personas bajo el lema «Con el dato no me hidrato», en referencia al agua que consumen estas instalaciones en una región que sufre sequías recurrentes. Y no es un caso aislado: en Torrelobatón (Valladolid) los vecinos protestan con el eslogan «no es progreso, es imposición», y el precedente de Blackstone en Aragón dejó un sabor amargo: su centro de datos se aprobó con una evaluación ambiental exprés que resolvió en unos tres meses lo que normalmente tarda un año.

El giro: ¿para qué tanta infraestructura si no se usa?

Aquí es donde la historia deja de ser local. En diciembre de 2025, el propio CEO de Microsoft, Satya Nadella, admitió que la compañía tiene acumuladas GPUs que no puede ni encender por falta de electricidad. No es que falten chips: es que no hay red eléctrica suficiente para alimentarlos.

Y el dato de contexto no tiene desperdicio: según estimaciones de Sightline Climate recogidas por Bloomberg, entre un tercio y la mitad de los centros de datos anunciados en Estados Unidos para 2026 se están retrasando o cancelando. Aun así, los cuatro grandes (Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft) mantienen un gasto conjunto de más de 650.000 millones de dólares en infraestructura de IA para este año.

Para que se entienda: las empresas están acaparando suelo, agua y electricidad por todo el planeta para construir capacidad que ellas mismas reconocen que no pueden poner a funcionar. El cuello de botella ya no es la inteligencia artificial: son los transformadores eléctricos, las líneas de alta tensión y el agua. Y mientras esa guerra se libra en las bolsas, en Torrero la factura se paga en metros cuadrados expropiados y en montañas que desaparecen.

Por qué son la misma historia

Las protestas en Zaragoza y las GPUs apagadas de Nadella no son dos noticias distintas: son las dos caras de la misma moneda. La carrera de la IA ya no se decide por quién entrena el modelo más listo, sino por quién controla los recursos físicos —energía, agua, terreno— para alimentar los servidores. El suelo de un barrio obrero de Zaragoza es la moneda de cambio de una guerra que se juega a miles de kilómetros, en juntas de accionistas y en previsiones de gasto de capital.

Y hay un matiz incómodo: la «nube» no está en el cielo. Está en barrios con vecinos, en acuíferos con déficit y en redes eléctricas al límite. Cuando una empresa te vende que tus datos están «en la nube», lo que está diciendo es que están en un edificio de hormigón, en alguna parte, consumiendo recursos que alguien paga —casi nunca la propia empresa.

Qué significa esto para ti (autónomo)

Si tienes un negocio, esta historia no es un debate ambiental abstracto. Es una advertencia sobre dónde está tu información y quién controla la infraestructura de la que dependes. Los hiperescaladores ya no son solo un proveedor: son una fuerza que puede expropiar terreno en tu ciudad mientras decide, desde otro continente, si merece la pena encender sus máquinas.

La buena noticia es que la alternativa existe y no requiere ser ingeniero: tener tu propia nube con el ordenador que ya tienes, un Nextcloud por cinco euros al mes o modelos de IA local que no necesitan un centro de datos para funcionar. Cuanta menos infraestructura ajena necesites, menos expuesto estás a que alguien decida por ti dónde va tu información.

Antes de que la IA piense, tiene que comer: tierra, agua y luz. Y la cuenta, por ahora, la están pasando en Torrero.

Fuentes

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