Un abogado, multado por 48 sentencias falsas que inventó la IA: otros casos y cómo evitarlo

Nivel: ⭐⭐ Curioso

Un abogado presentó un recurso de apelación con 48 sentencias del Tribunal Supremo que no existen. Se las había sugerido un chat de inteligencia artificial y él las copió sin comprobar una sola. El tribunal lo multó y avisó a su colegio profesional. No es un caso raro: en España y fuera de España cada vez hay más multas a profesionales por fiarse de lo que la IA «se inventa». Esto es lo que está pasando y lo que te interesa aunque no seas abogado.

Qué pasó en Canarias: 48 sentencias falsas en un recurso

La Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) impuso en febrero de 2026 una multa de 420 euros a un letrado por presentar un recurso de apelación repleto de citas falsas: hasta 48 referencias a sentencias del Tribunal Supremo y un informe del Consejo General del Poder Judicial que no existían (nota oficial del CGPJ).

Lo más llamativo no es que la IA alucinara (eso pasa siempre), sino que el abogado no contrastó ni una de las citas. No abrió el Cendoj —la base de jurisprudencia gratuita y de acceso universal de la justicia española— para verificar ni un número de sentencia. Un rato de comprobación le habría ahorrado el disgusto. El tribunal habló de «quiebra del deber básico de supervisión humana» y de que la IA debe ser «asistencial y nunca decisoria».

La cuantía no es casual: el juez la fijó en la mitad del coste de una suscripción anual a una herramienta de IA específicamente jurídica. La ironía es que, según el propio tribunal, esa herramienta especializada «probablemente hubiera evitado el lamentable resultado». La multa se redujo porque el abogado reconoció los hechos y se arrepintió. Además, la resolución se remitió al Colegio de Abogados para posibles responsabilidades disciplinarias: la multa económica puede no ser lo último que pase.

Otras multas en España: Galicia, Canarias y el Tribunal Constitucional

El caso de Canarias no fue el primero ni el más caro. En julio de 2026, el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) multó con 1.800 euros a un abogado por presentar un recurso laboral con 24 citas «de libérrima creatividad jurídica»: sentencias del Supremo, del Constitucional, del Tribunal de Justicia de la UE y de varios tribunales superiores que o no existían, o no decían lo que se les atribuía (CGPJ · Economist & Jurist).

El TSXG fue más lejos que el de Canarias en un punto clave: dejó escrito que da igual si el abogado no quería engañar. Aunque solo se hubiera «fiado» de la IA por dejadez, la conducta es sancionable, porque la buena fe procesal obliga a verificar y a no delegar el criterio profesional en un algoritmo. Cita la Instrucción 2/2026 del CGPJ, que exige un «control humano consciente y efectivo» cuando se usa IA en la abogacía.

Ese mismo julio, la propia Sala de lo Penal de Canarias multó con 840 euros a otro letrado por un recurso con al menos 25 sentencias apócrifas atribuidas al Supremo y al Constitucional (Noticias Jurídicas). Aquí la multa es el doble que la del caso de las 48: en este no admitió los hechos ni pidió disculpas. La lección extra es evidente: reconocer el error a tiempo sale más barato.

Y no son los únicos. El Tribunal Constitucional ya había llamado la atención a un letrado por citar pasajes de 19 sentencias inexistentes del propio tribunal («falta del debido respeto»), y en el TSJ de Navarra un caso se archivó sin sanción porque la letrada corrigió el error a tiempo. El patrón es claro: rectificar a tiempo o no, marca la diferencia.

Fuera de España la cosa lleva años: Nueva York, Alabama, Utah

En Estados Unidos llevan desde 2023 con abogados pillados citando jurisprudencia inventada. El caso más famoso es el de Steven Schwartz, en Nueva York, multado con 5.000 dólares por presentar resoluciones falsas que le había dado ChatGPT en el caso de un pasajero contra una aerolínea. También hubo tres abogados en Alabama apartados de un caso tras colar cinco citas falsas ante la jueza Annemarie Carney Axon, y un letrado en Utah obligado a pagar las costas de la parte contraria y a donar 1.000 dólares a una ONG jurídica (repaso en Xataka/Magnet).

Por qué pasa: la IA no «miente», se inventa — y nos fiamos más de lo que deberíamos

Lo que la IA generativa hace cuando no sabe algo no es mentir: es inventar con total seguridad. En el mundo legal, un estudio de la Universidad de Stanford que analizó 800.000 preguntas jurídicas verificables encontró tasas de alucinación de entre el 58% y el 88% según el modelo. Incluso las herramientas jurídicas de pago fallan: la misma universidad auditó Lexis+ AI (17% de fallos) y Westlaw (33%). Es decir, pagar una suscripción cara no te libra: te reduce el riesgo, no lo elimina.

El segundo ingrediente es humano: el llamado sesgo de automatización. Un estudio del MIT mostró que la gente valoraba las respuestas de una IA médica como más completas y fiables que las de un profesional, aun sabiendo que una de cada cuatro diagnósticos era incorrecta. Si algo suena seguro y está bien redactado, nuestro cerebro tiende a darle más crédito que a la verificación, que cuesta tiempo y esfuerzo. Eso le pasa a un abogado con jurisprudencia, pero también a un autónomo que le pide a un chat el texto de una normativa, una plantilla de contrato o un plazo fiscal.

Para que se entienda:

La IA alucina (inventa datos con apariencia de verdad), y el responsable de lo que firmas eres tú. En un despacho lo pagan con multas; en tu negocio, con una sanción, un contrato mal hecho o un cliente enfadado.

Qué significa para ti aunque no seas abogado

Si usas un chat de IA para el trabajo —redactar correos, resumir contratos, preparar una reclamación, consultar un plazo— la regla es la misma que han aplicado los tribunales: la IA es asistencial, nunca decisoria. Tres hábitos que te ahorran disgustos:

  • Verifica los datos duros con una fuente oficial antes de usarlos. Si es jurisprudencia o normativa, hay bases gratuitas y públicas (Cendoj, BOE). Si es un dato de tu sector, contrasta con la fuente original.
  • No firmes ni envíes nada que no hayas leído. El error de los abogados multados no fue usar IA: fue no leer lo que la IA les había puesto delante.
  • Si te equivocas, rectifica ya. En los casos reales, reconocer el error a tiempo fue la diferencia entre una multa de 420 euros y una de 840, o entre una sanción y un archivo.

Que te multen por no verificar lo que firma tu nombre no es un problema de abogados: es la letra pequeña de usar IA en el trabajo. Y la buena noticia es que el antídoto no cuesta dinero —saber cuándo tienes que avisar de que usas IA también es parte de hacerlo bien—. Si usas un chat para el trabajo con clientes, además conviene que sepas lo que la Ley de IA te pide desde agosto de 2026: hay obligaciones que no son opcionales. La IA te ahorra horas; lo que no puede hacer por ti es la responsabilidad.

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