Usar IA en tu contenido: cuándo tienes que avisar y cuándo no. Guía para declarar uso de IA.

Nivel: ⭐ Principiante

Has usado ChatGPT para corregir las faltas de este artículo. ¿Tienes que decirlo? Pues depende de en qué punto lo uses. Y esta es la pregunta que todo el mundo se hace desde que el 2 de agosto de 2026 entra en vigor la parte de transparencia de la Ley de IA europea. Hemos creado una guía fácil para que sepas en qué casos has de declarar uso de IA.

La regla que lo explica todo: corregir no es crear

Antes de los casos, la regla de oro: si la IA pule lo tuyo, no se declara. Si la IA crea y tú solo pulsas el botón, se declara.

No es una ocurrencia nuestra. Amazon KDP (la plataforma donde se venden la mayoría de los libros electrónicos) lo formula exactamente igual: ¿quién escribió el primer borrador? Si fue la IA, es contenido generado por IA y hay que declararlo. Si fuiste tú y la IA solo lo corrigió, mejoró o reescribió partes, es contenido asistido y no se declara.

Esa misma lógica es la que usa la ley europea, la que usa Google para valorar tu contenido y la que usa tu cliente para decidir si se fía de ti.

¿Tengo que avisar si uso IA para corregir mi texto?

No. Corregir la gramática, la ortografía o el estilo de un texto que has escrito tú es como usar un corrector, pero más listo. El contenido sigue siendo tuyo. Nadie tiene que saber que el corrector era una IA, igual que nadie te pide que declares si usaste Word para escribir.

¿Y si uso la IA para resumir o para ideas?

Tampoco. Resumir un texto largo o pedir ideas antes de escribir es usar la IA como cuaderno de trabajo: la inspiración puede ser de una máquina, pero la decisión de qué escribir y cómo es tuya. Nadie declara «se me ocurrió esta idea hablando con mi socio» — pues esto es lo mismo. La regla sigue siendo: si el contenido final lo has escrito tú, no se declara.

¿Y si la IA me da un texto y yo lo reescribo a mano?

Depende de cuánto haya de ti. Si coges el texto de la IA, lo reescribes entero con tu criterio, tu experiencia y tus ejemplos, el resultado es tuyo: la IA te ha dado un borrador, igual que te lo daría un ayudante. Pero si solo cambias tres palabras y publicas, eso es contenido generado por IA con un maquillaje — y se declara. La prueba del algodón: si el texto final no se parece al de la IA, es tuyo. Si se parece sospechosamente, no.

¿Y si la IA me ha escrito el artículo entero?

Sí. Ahí ya no hay «mano humana detrás»: la IA ha creado el contenido y tú solo has pulsado publicar. Además de la obligación de transparencia, tienes un problema doble: Google considera ese contenido de baja calidad (el famoso «slop» de IA) y lo penaliza, y tu lector —que no es tonto— acaba notando que no hay experiencia real detrás de lo que lee.

¿Qué hay que marcar sí o sí desde el 2 de agosto?

La Ley de IA (artículo 50) obliga a marcar tres cosas concretas:

  • Falsificaciones profundas (deepfakes): imágenes, audio o vídeo que simulan a una persona real, generados o manipulados con IA.
  • Textos informativos generados por IA sin revisión humana: si publicas información de interés público (salud, emergencias, actualidad) creada por IA y nadie la ha revisado, hay que decirlo.
  • Chatbots: si alguien interactúa con un sistema de IA, tiene que saber que está hablando con una máquina.

Para que se entienda: la ley no te obliga a marcar todo lo que toca la IA. Te obliga a marcar lo que engañaría a alguien si no lo supiera.

¿Me puede multar la Ley de IA?

Las multas existen y son gordas: hasta 35 millones de euros o el 7% de la facturación global. Pero con matices: esas sanciones apuntan sobre todo a los que fabrican y venden sistemas de IA (los proveedores), no al autónomo que un día publica un texto sin marcar. El riesgo real para ti no es la multa, es la reputación: si un cliente descubre que le has vendido como tuyo un contenido hecho por IA sin decirlo, la confianza —que no se compra con dinero— se va para siempre.

¿Google penaliza el contenido hecho con IA?

No por el hecho de usar IA. Google penaliza el contenido sin valor, generado en masa, que no aporta nada nuevo — da igual que lo escriba una IA o un humano aburrido. Un texto hecho con IA que responde de verdad a lo que busca el lector, revisado y con aportación humana, no tiene por qué caer mal. El problema es cuando la IA escribe 50 artículos al día y ninguno dice nada que no se sepa ya.

¿La foto de mi web generada por IA hay que declararla?

Si es una imagen ilustrativa (un fondo, un icono, una ilustración decorativa), no. Nadie se siente engañado porque un paisaje de fondo lo haya pintado una máquina. El problema empieza cuando la imagen simula a una persona real o pretende mostrar algo que no es: ahí entra en juego el engaño, y la ley lo obliga a marcar. Y si además es la cara de alguien real sin su permiso, tienes un problema mucho mayor que el etiquetado.

¿Y las fotos de mis productos retocadas con IA?

Ahí la pregunta no es si declaras la IA, es si estás mintiendo. Si vendes una chaqueta y la foto generada con IA muestra un tejido que no existe, el problema no es el etiquetado: es que el cliente recibirá algo distinto de lo que compró, y eso es publicidad engañosa, con devoluciones, malas reseñas y líos legales incluidos. Úsala para retocar el fondo o la iluminación de una foto real. Para inventar cómo es el producto, no.

¿Puedo usar IA para escribir reseñas de mi negocio?

No deberías. Una reseña falsa —escrita por IA o por un amigo— es publicidad engañosa, punto. Las plataformas (Google, redes sociales) la detectan y la retiran, y si te pillan en serie, tu ficha de negocio puede caer entera. Además, es la forma más rápida de que un cliente real, al ver reseñas idénticas y vacías, desconfíe de ti.

¿Mi chatbot de WhatsApp tiene que decir que es un bot?

Sí. Si un cliente te escribe y le responde una máquina, tiene que saberlo. La ley es clara: nadie puede creer que habla con una persona cuando habla con un sistema de IA. Y en la práctica es mejor para ti: un bot que se presenta como bot y resuelve dudas a las dos de la mañana genera más confianza que un «humano» que responde frases de manual.

¿Y si lo que automatizo son los emails, no el chat?

Ahí el límite es más difuso. Si envías un email automático a un cliente y este cree que se lo ha escrito una persona —con su tono, sus matices y su capacidad de responder— estás en terreno gris. La ley se centra en el chat, pero el engaño es el mismo. La solución sencilla: los emails automáticos, como los avisos, las confirmaciones o las facturas, se saben automáticos y no pasa nada. Si es una respuesta «personal» a un cliente que le ha contado un problema, que haya una persona detrás.

¿Voz clonada o vídeo con la cara de alguien?

Sí, siempre. Es el caso más claro de la ley: cualquier contenido que simule a una persona real —su voz, su cara, su forma de hablar— generado o manipulado con IA debe marcarse como artificial. No hay excepción para «es que era para un anuncio». Y si la persona no ha dado permiso, además de marcar, estás cometiendo una vulneración de su derecho a la imagen.

¿Y si doblo mis vídeos con IA a otros idiomas?

Ahí manda la plataforma, no solo la ley. YouTube etiqueta desde hace tiempo el contenido sintético realista — incluido el doblaje que imita voces — y pone el aviso por su cuenta si no lo declaras tú. Declararlo no te penaliza: es una casilla más al subir el vídeo. Lo que te penaliza es que el aviso lo ponga la plataforma por ti y encima te acuse de ocultarlo. Y si doblas un vídeo tuyo con una voz que no es la tuya, avisa: parece una tontería, pero es de los casos que más denuncias genera.

¿Y la música generada por IA para mis vídeos?

No hace falta declarar nada, pero ojo con dos cosas. Primera: si usas una plataforma que genera música con IA, revisa su licencia — muchas no te dejan usarla en contenido comercial. Segunda: si la música imita el estilo de un artista famoso, algunos servicios ya están obligados a etiquetarla como sintética, y tú deberías evitarla igualmente: el público lo nota y el artista puede denunciar.

¿Traducir con IA hay que declararlo?

No. Si traduces tu propio texto (tu web, tu catálogo, tus emails) con una herramienta de traducción automática, el contenido sigue siendo tuyo. Es como si hubieras contratado a un traductor: nadie exige una etiqueta que diga «traducido por máquina». La regla de siempre: la IA ha facilitado el trabajo, no ha creado el contenido.

¿Puedo vender un libro escrito por IA en Amazon?

Sí, pero con declaración obligatoria. Amazon KDP te pregunta desde 2023 si tu libro tiene contenido generado por IA, y mentir en esa casilla es motivo de suspensión de la cuenta. Declararlo no lo oculta a los lectores ni te bloquea la publicación: solo es un compromiso de transparencia con la plataforma. Recuerda la regla: generado (la IA escribió el borrador) se declara; asistido (tú escribiste y la IA pulió) no.

¿Y si un cliente me paga un informe hecho por IA sin decírselo?

Este es el caso más delicado de todos, y no lo dice la ley de IA sino el sentido común y el Código Penal. Si cobras por un trabajo y el trabajo lo ha hecho una máquina, sin que el cliente lo sepa, eso es fraude. No importa lo bueno que sea el informe: si el cliente se entera de que pagó por trabajo humano y recibió trabajo automático, adiós confianza, adiós cliente, adiós recomendaciones. Usa la IA para trabajar mejor y más rápido, pero el trabajo entregado es tuyo: lo revisas, lo verificas, lo firmas.

¿Y el uso interno de la IA, se declara?

No, nunca. Usar la IA para organizar tu agenda, analizar tus números, preparar una reunión o redactar un borrador interno no es contenido publicado: es tu herramienta de trabajo, como la calculadora o la hoja de cálculo. Nadie te pide que declares las herramientas que usas para llegar al resultado. La obligación —y la ética— empiezan cuando el resultado llega a otras personas.

La regla del pulgar

Si te quedas con una sola idea, que sea esta: si el lector se sentiría engañado al saber la verdad, declara. Si la IA ha sido como un corrector, no hace falta.

La IA no es buena ni mala. Es una herramienta, como el corrector de Word o la calculadora. Lo que la convierte en problema es usarla para aparentar algo que no es: experiencia que no tienes, reseñas que nadie escribió, trabajo que no hiciste.

Antes de publicar, hazte estas 3 preguntas

  1. ¿Quién escribió el primer borrador? Si fue la IA y solo la has retocado, declara.
  2. ¿Podría alguien sentirse engañado? Si la respuesta es sí —aunque sea «un poco»— declara.
  3. ¿Estoy aportando algo que la IA no aporta sola? Si no puedes responder con tu experiencia, tu opinión o tu criterio, el problema no es el etiquetado, es el contenido.

Y recuerda: desde el 2 de agosto de 2026, la transparencia con la IA deja de ser una opción ética para convertirse en una obligación legal. Pero la ética ya te decía lo mismo: si tienes que ocultar cómo has hecho algo, quizá no deberías hacerlo así.

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